Estar enamorado es maravilloso….sobre todo, cuando nuestro amor es correspondido.

¿Por qué es tan cruel el amor?

que no me deja olvidar, 

que me prohíbe pensar,

que me ata y desata

y luego de a poco me mata”

Ricardo Arjona

Casi todos los adultos reconocemos algún fracaso sentimental en nuestra juventud. Con el tiempo, nos olvidamos del dolor que provoca y el sentimiento de impotencia que nos invade descubrir que la justicia y la racionalidad poco tienen que ver con las reglas del amor.

El amor romántico, o primera etapa del enamoramiento, es caprichoso, imprevisible y transitorio, ya que supone una alteración de neurotransmisores (dopamina, noradrenalina y serotonina) y causa un efecto similar al de la adicción a las drogas. Lejos quedan valores relacionados con la generosidad, el respeto, la tolerancia o el compromiso. 

Con el tiempo, la experiencia y la acción de la oxitocina, la hormona del apego y la fidelidad, ese primer enamoramiento puede convertirse en amor real.

Los que tenemos hijos adolescentes vivimos con cierta angustia el proceso por el que ahora tienen que atravesar ellos, y como padres es duro verlos sufrir y culparse por lo que podían o no haber hecho mejor en su relación con aquella pareja que les acaba de rechazar.

 “Me has roto el corazón” – gritó entre lágrimas

“Te lo has roto tu misma” – dijo él con su indiferencia – 

“por esperar algo que sabías que no te podía dar”.

Es posible que nuestra reacción sea defender a nuestra criatura, ponernos en contra de la persona que “le ha hecho daño”, o tratar de minimizar su sufrimiento con frases del tipo “el tiempo lo cura todo”, “un clavo saca otro clavo” o “te mereces algo mejor”.

Sin embargo, eso no ayuda ni a mitigar su sufrimiento ni a formar su personalidad. Durante años han creído que existe una relación directa entre lo que hacen y los resultados que obtienen, y este es su primer encuentro con una realidad que les estalla en la cara. Pero no será el único, y deben empezar a encontrar sus propias estrategias para afrontar su futuro.

Como psicóloga, me permito ofrecer 3 recomendaciones:

  • Escucha: Escucha sin juzgar, sin interrumpir y sin dar lecciones. Dedica tu tiempo a prestar la máxima atención ofreciéndole el mensaje “tú eres importante para mi”.
  • Acepta: Permite sus emociones, tanto si son de rabia como de tristeza o culpa. Deja que las exprese y envía el mensaje de que “todo está bien”.
  • Apoya: No aconsejes, no aportes tu experiencia personal, no critiques a la otra persona. Simplemente ponte a su disposición para lo que pueda necesitar. El mensaje es “yo estoy aquí”.

Superar estas épocas de dolor e incomprensión es imprescindible para fortalecer la resiliencia de nuestros jóvenes. Protegerlos en exceso les impedirá desarrollar sus propios recursos y menguará sus posibilidades de superar otras crisis que muy posiblemente encontrarán en sus vidas.

Un comentario sobre “Amores que duelen

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