Muchos padres y madres, desesperados con la actitud y el comportamiento de sus hijos adolescentes, me piden terapia para ellos con el único objetivo de que dejen las drogas y convencidos de que son el origen de todos sus males. 

El otro día al preguntarle a una paciente: “¿para que crees que la gente se droga?”, me contestó sin dudar “para evadirse de una vida que les duele demasiado”.

¿Duele la vida? Si, la vida duele, y asusta y cabrea, sobre todo en la adolescencia… pero también puede ser maravillosa y estar llena de sentido. La diferencia puede estar, como decía Diana Orero en la entrevista de la contra de La Vanguardia del otro día, en las historias que nos contamos, pero también en los autoengaños que las sostienen.

Es necesario comprender las emociones que empujan a nuestros jóvenes a evadirse y hacer un profundo trabajo de gestión de las mismas, así como de reestructuración del pensamiento para que sean capaces de enfrentarse a sus miedos y encarar la vida desde la confianza y la serenidad. Sólo así conectarán con el valor que requiere tomar la decisión de abandonar las drogas.

Por supuesto debe haber un proceso de desintoxicación, en ocasiones ayudado por medicación, control, aislamiento y terapias grupales, pero si no ponemos el foco en EL PROBLEMA, las recaídas serán difícilmente evitables.

¡Hay salida!

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