El miedo, como todas las emociones, es adaptativo, y la raza humana no habría sobrevivido sin él.

El miedo nos activa ante una amenaza y prepara nuestro cuerpo para huir o defendernos: El corazón late más deprisa, la respiración se vuelve entrecortada y aumenta la temperatura de nuestra piel y su reactividad. Todo ello son respuestas de nuestro organismo ante un peligro real o imaginario.

En ocasiones nos quedamos “atrapados” en esas sensaciones, que suelen ser desagradables, y nuestros pensamientos alimentan el temor a través de ciertas creencias que nos limitan del tipo “no soy capaz”, “no me lo merezco”, “no puedo confiar en nadie”, “no tiene remedio”… Nos paralizamos y nos bloqueamos.

“El miedo siempre está dispuesto a ver las cosas peor de lo que son”.

Tito Livio

El acompañamiento psicológico nos permite cuestionar estas creencias para gestionar mejor nuestras emociones, seleccionando aquellos pensamientos que nos resultan más útiles y sobre los que podemos construir una nueva perspectiva de lo que nos ocurre.

No se trata de negar el miedo, sino de mirarlo cara a cara para utilizarlo a nuestro favor.

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